Cuando hablamos de pinturas, debemos distinguir entre las pinturas con bajo contenido en COV o sin COV y aquellas que contienen COV. Y es que, al utilizar pinturas que contienen COV, se recubre un azulejo que antes era poco contaminante con una sustancia que puede tener efectos negativos para la salud y el medio ambiente.
Los COV (del inglés «volatile organic compounds») son compuestos orgánicos volátiles que pueden proceder de fuentes naturales, como las plantas, o de fuentes antropogénicas, como los procesos industriales, las emisiones de los vehículos, las pinturas y barnices, los disolventes y los productos de uso doméstico. Algunos COV pueden favorecer la formación de ozono troposférico (smog), lo que irrita las vías respiratorias y puede provocar dificultades respiratorias, trastornos de la función pulmonar y problemas cardiovasculares. Además, determinados COV pueden ser cancerígenos o debilitar el sistema inmunitario.
Aunque muchos países han promulgado normativas sobre las emisiones de COV y están trabajando para reducirlas, las cantidades de COV presentes suelen situarse apenas por debajo de los límites legales. Por ello, las personas sensibles o aquellas que no puedan garantizar una ventilación suficiente del espacio en cuestión pueden verse expuestas a un riesgo potencial para la salud o sufrir posteriormente el denominado «síndrome del edificio enfermo».
Además, los COV pueden suponer un problema a la hora de su eliminación, ya que, debido a su naturaleza volátil, pueden escaparse rápidamente a la atmósfera. Una eliminación inadecuada puede incluso provocar graves problemas medioambientales y de salud. Aunque los países están trabajando para reducir las emisiones de COV, estos compuestos problemáticos siguen escapándose a la atmósfera y al medio ambiente.